Maneras de ver

Hay maneras de mirar el cine, como maneras de leer un libro o de ver un cuadro. Hay maneras de gustar, ver, oír, sentir aquello que experimentamos. Lo que nos proporciona el buen cine, un buen libro o cualquier otra creación artística son cosas que no buscábamos -por tanto no deseábamos a priori- y con las que a veces no sabemos que hacer, -excepto volver a repetir la experiencia-.

Y si queremos mantener esa mirada y pretendemos futuros encuentros aún con una misma obra, solo podemos seguir entregándonos a ese juego, atentos y obedientes a los detalles que el autor nos muestra, sin un fin concreto, solo por el placer de explorar.

La experiencia de “recibir” o “entregarse” a la obra de un autor es algo que no siempre ocurre. Me gusta  la idea de explorar formas de ver, oír, sentir, el cine o la literatura, y creo que podría extenderse a alguna otra cuestión. La experiencia de “ver” sin “usar” de disfrutar sin estorbarnos a cada momento, de recibir realmente lo que tenemos delante, es un acto voluntario de entrega que requiere de cierto tipo de observación y ofrece otro tipo de experiencia.  

Abandonar o suspender por un momento opiniones, juicios, intereses, asociaciones o proyecciones, vaciarnos de nuestras propias representaciones y usar los cinco sentidos, antes de decidir si algo merece o no la pena. Porque sin haberlo hecho, es imposible descubrirlo.

El cine y algunos de los libros leídos en la adolescencia, comenzaron a proporcionarme cierto avance en este tipo de observación o entrega, desde luego con muchos altibajos hasta poder estabilizar algo más de todo esto. Y claro está que lo mantengo abierto.

Identificar maneras de experimentar un libro, una pintura o un poema, es la tesis que plantea C.S. Lewis en su ensayo “la experiencia de leer”. Yo había leído a Lewis en un libro que habla sobre el mito de Eros y Psique “Mientras no tengamos rostro”. Me había fascinado el mito cuando lo leí por primera vez y busqué otras aproximaciones que hablaran de ello. Así descubrí a Lewis. Más adelante leí este ensayo y hace poco lo recordé asistiendo al programa de Aprendizaje Experiencial de la UAH, y lo he vuelto a leer. Me gustaría resumir su tesis, como método para desarrollar este tipo de experiencia, extensible a mi juicio a otros muchos ámbitos.

Lewis plantea y reflexiona sobre la inutilidad de clasificar la “buena” o “mala” literatura y pone la atención en las maneras de leer o de experimentar cualquier creación- bien como entrega incondicional, en el mejor de los casos, bien como “uso” de ella para otros fines más o menos elevados. Cuando “usamos” la obra para algún que otro fin personal (propias fantasías, asociaciones, escapismo, emocionalidad excitada por las propias vivencias, etc.), este “uso” es siempre y necesariamente parcial; utilizamos algunos elementos abstrayendo otros, resumimos unos cuantos o descartamos otros más, porque no son utilizables para nuestras “fantasías egoístas”, así es como él llama a nuestras propias fantasías cuando son los verdaderos protagonistas de la experiencia. Desde luego nada de esto es censurable en sí, y no creo que podamos o queramos prescindir en todo momento de ellas, solo que nos apartan de una experiencia plena de la obra y de la propia fantasía o realismo que esta nos plantea.

No he podido dejar de pensar, al leer nuevamente el ensayo, en las forma de seguir y recibir a otros. En las forma de entregarnos a la experiencia. En la forma en que conversamos y escuchamos, en los tipos de facilitación que proporcionamos, en la educación, en el coaching, en la formación… Y en los fines, claro. Y en el valor que tiene esa atención y esa entrega cuando se trata de comprender a otros, más allá de los fines, incluso de los más elevados. También los mejores fines son instrumentos y el de la “ayuda” puede alimentar nuestras mejores “fantasías egoístas”.

Pero son solo posibilidades, maneras de conocer y de hacer. Y si esta mirada puede enriquecerse, sugiero una lectura, un cine, una conversación, una melodía, aquello que más nos apetezca. Solo por el hecho de hacerlo, sin ningún otro fin, con los 5 sentidos.

Y puestos a sugerir, propongo una experiencia de cine, y un autor (Kim Ki-Duk) que domina el lenguaje de los sentidos, las metáforas y los símbolos y que nos desafía a ir más allá de convenciones y representaciones al uso. Cualquiera de sus películas es para mí un descubrimiento, pero Hierro 3 y El Arco son mis favoritas.

Aquí encontraréis algunos comentarios del propio autor sobre su obra.

http://www.cineismo.com/reportaj/kim-ki-duk.htm

Pilar Mamolar

2 pensamientos en “Maneras de ver

  1. He leído y releido esta entrada ( o post que dicen los más avezados). Es magnífica por el contenido y porque suscita debate. Como no quiero aburrir, obvio la segunda parte.
    Te diré que comparto plenamente el uso de los cinco sentidos ante la creación artística. De un tiempo a esta parte, por ejemplo me he convertido en un cinéfago, que no cinéfilo, lo cual me ha deparado gratas sorpresas. Te sugiero el último libro de Eduardo Mendoza, Tres vidas de santos, concretamente el último relato al hilo de lo que cuentas sobre la “buena” o “mala” literatura. También, siguiendo el argumento de Lewis, me pregunto, ¿por qué echamos horas y horas creando blogs?
    Sobre Kim Ki-Duk, ¿dónde localizar las pelis?
    Espero sepas disculpar el rollo, pero ha sido superior a mis fuerzas. Y ahora que descubro tu blog, te cibersigo. Tranquilamente, eso sí. Gracias por todo.

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