Oficio de consultor

Ayer noche estuve cenando con dos amigos, compañeros de profesión, pero sobre todo amigos. Uno de ellos fue maestro antes que amigo. Dirigió algunos de los primeros seminarios a los que asistí como amateur en RRHH. Después, casualidades de la vida, trabajé con él varios años hasta que ambos cambiamos de situación hacia una mayor independencia, él hacia su jubilación, yo hacia alguna que otra autonomía.

Los tres compartimos en la taberna del Alabardero tertulia de consultor, de esas que ayudan a poner cierta distancia sobre viejas prácticas, sobre nuevas modas, sobre el oficio. Y es que hablando con ellos, más allá de las prácticas y las tendencias, está ese gusto por el hacer casi artesano, por el oficio de consultor.

Durante la conversación, al margen de las vacaciones, los viajes y el calor, -tan común a las distintas zonas visitadas-, surgieron también temas comunes que pusimos sobre la mesa y que comento para extender más esta agradable tertulia de verano.

Ummm… ¿Valoraciones de puestos? ¿Aún seguimos valorando puestos? Si ya no hay…¡ (Risas). Anécdotas, comparativas, alguna batalla lejana, alguna que otra solución cercana…al cabo… somos consultores.

Y hablando de otros límites…, organizaciones líquidas… ¡otra buena metáfora¡, si las fronteras de los puestos se diluyen, si las descripciones son el pasado, si buscamos maximizar la eficacia, la flexibilidad, mucho producto, proyecto, proactividad, pero poco tiempo para generar confianza, para construir relaciones sobre una base sólida. Entre la solidez de las descripciones y la liquidez de no saber ni el espacio que ocupo, algo puede hacerse ¿verdad?. Y no es volver a tiempos pasados, ni a viejas “prescripciones”. Más bien es ir hacia nuevas formas de liderar los vínculos, que como conveníamos, va mucho más allá de las fronteras empresariales y se extiende a lo social, lo familiar, lo educativo.

Y hablando de consultores y de liderazgo…, la independencia del consultor, la gestión de esa independencia dentro de una firma, un asunto delicado, más aún en tiempos de crisis. Varias anécdotas y más comparativas.

Mantener un alto compromiso, iniciativa y responsabilidad (en diferentes profesionales, la consultoría es solo un ejemplo). Pretender un alto impacto sobre los clientes, la facturación, los presupuestos…) con un escaso margen de confianza, apoyo y apropiada vinculación…, de nuevo abdicando del proceso de liderar, de la satisfacción de construir relaciones a largo plazo, esas relaciones que mantienen un buen hacer, un buen oficio.

Qué buena tertulia, gracias a los dos. Y bienvenidos a todos los que paséis por aquí a un nuevo “año escolar” que para muchos ya ha comenzado.

Pilar Mamolar