Un contestatario autodidacta en el triangulo del arte madrileño

Agradezco sinceramente este post a Matilde, y a su atenta mirada al mundo del arte, de lo escénico y de la vida.  

Un contestatario autodidacta en el triangulo del arte madrileño

Maurice Vlaminck

Un instinto fauve

Pinturas 1900-1915

Del 11 de marzo al 7 de junio del 2009

CaixaForum Madrid

Del 02/07/2009 al 18/10/2009 en CaixaForum Barcelona

Hay veces que pequeños cambios hacen grandes diferencias, para Maurice Vlaminck (1876-1958), ciclista de vocación, el punto de inflexión fue una enfermedad que le retiró de esa actividad y le llevó a retomar los pinceles con los que había coqueteado de adolescente. Hoy en día es considerado como uno de los máximos exponentes del fauvismo junto con Derain, Matisse, Rouault, Dufy, entre otros.

Vlaminck fue un hombre que se hizo a sí mismo – abandonó el hogar parental a los 16 años – con una personalidad marcada por la rebeldía y desobediencia; guiado por los instintos y pasiones; se alejó de todo convencionalismo tanto en su arte como en su vida. Además de pintor y ciclista fue escritor, grabador y profesor de violín.

Su actitud contestataria queda reflejada en su libro  Désobèir publicado en 1936, un fragmento dice así: “Desobedecer a la moda, al esnobismo, a las teorías aleatorias contrastantes e irracionales. Desobedecer al progreso, a la civilización. Desobedecer a la idiotez. Tomar contracorriente el camino recorrido por la multitud de la masa…”[1]

Esta posición frente a la vida hizo de él un pintor experimentador y explorador que fue evolucionando según sus inquietudes personales, donde la pintura era un vehículo de expresión y obedecía sólo a su propia reflexión.

En la exposición de CaixaForum Madrid (ahora en CaixaForum Barcelona) podemos ver una muestra representativa de su devenir pictórico desde 1900 a 1915.

En una primera etapa M. Vlaminck adopta el rasgo expresivo y cromático de los fauvistas, incluso comparte estudio, durante un tiempo, con Derain en Chatou donde Matisse les visitaba.

Un denominador común de los fauvistas es que el cuadro no debe ser una composición ordenada y decorativa sino que debe ser sólo expresión. Vlaminck tomó esta premisa como propia y pintaba con vehemencia exacerbada, como si el arte de pintar fuera una pulsión instintiva, un proyectil que se estampa en la tela para expresar la visceralidad emocional que albergaba dentro de si. En el tratamiento de la pincelada y la estridencia cromática tomó como referente, sobre todo, Van Gogh.

En los cuadros expuestos, de la etapa fauvista,  en primera instancia se percibe un aparente desasosiego emocional y desorden objetual  al abordar el espacio del lienzo, sin embargo, con una mirada global también podemos observar que el pintor casi siempre pone un punto de orden, un anclaje visual a la representación pictórica, ya sea a través de la línea vertical de un tronco de árbol, el mástil de una embarcación, los caminos, los trazos gruesos de la pincelada, el cloisonné que perfila las figuras… todo esto hace que apreciemos una fiereza expresiva dispuesta en el mundo de lo que él consideraba real.

En 1907 acude a la exposición retrospectiva de Cézanne, en el “Salón de los Independientes” parisino, y a partir de entonces comenzó su nueva etapa pictórica. Se alejó de los postulados fauvistas y se orientó hacia una pintura más estructurada, equilibrada, ordenada y geométrica donde la forma empieza a tener más protagonismo que el color. Comparte con Cézanne  la predilección por pintar paisajes, su versatilidad técnica y el marchante de arte que les descubrió, Ambroise Vollard. Aunque divergían en su posicionamiento vital, Cezanne era un “estoico” que buscaba la perfección en la representación y Vlaminck  era un “epicúreo” que buscaba la recreación de lo real atendiendo a su sentir y su pensar.

Un dato curioso es el rechazo intelectual hacia el cubismo que tuvo el artista, por una parte para él la pintura tenía que representar a la realidad desde la libertad absoluta de la inspiración y por otra parte asociaba el cubismo a lo militar, dogmático y restrictivo. Sin embargo se puede apreciar un cuadro – “Flores” 1910 – donde se observa un amago cubista por la defragmentación de los elementos y la geometría estética. Para él debió significar un guiño irreverente ante sí mismo.

En la muestra se expone además, parte de la cerámica que pintó en 1906 en colaboración con el ceramista André Metthey. Y una colección de máscaras africanas y oceánicas – de la colección particular del artista – que tanto inspiraron a los pintores parisinos a inicios del siglo XX.

Nietzsche, a quien el artista admiraba,  dijo: “Quien tiene un por qué, siempre encontrará un cómo”, a M. Vlaminck nunca le faltó un por qué ni tampoco un cómo, murió en 1958 satisfecho de sí mismo y de todo lo que había construido a lo largo de su vida.

 Matilde Ubeira

 www.etceteracoaching.com

 

 

 


[1] Citado en las vanguardias artísticas del siglo XX por Mario De Micheli 1966 p.74

Un pensamiento en “Un contestatario autodidacta en el triangulo del arte madrileño

  1. Querida Mati, con 5 sentidos estábamos las dos inmersas en una práctica de exploración del proceso de liderar y de seguir en el Master en PNL con DBM el pasado agosto. En ese jercicio que, creo, a las dos nos resultó sugerente y esclarecedor, me hablaste del fauvismo y de Vlaminck.
    Esto es lo que me viene a la mente cuando nos cuentas que la propuesta vital y artística de Vlaminck era la de des-obedecer, es decir no seguir, no hacer lo que ordenan las leyes o quienes tienen autoridad para liderar en otras direcciones y con otros propósitos. Gracias Mati.

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