Coaching, Nietzsche y afectos bienintencionados

Lo que planteo o pregunto sobre la cuestión de lo que yo llamo el “negocio de la ayuda” y del coaching en particular, me lo digo a mí antes que a otros y lo mantengo bien ventilado y expuesto para seguirle la pista a las buenas intenciones, las de ayudar y facilitar el cambio.

 ¿Por qué el deseo de convertirse en coach profesional? ¿Por qué la necesidad de ayudar aplicable a diferentes profesionales procedentes de distintas especialidades, carreras o experiencias vitales? ¿Qué es lo atractivo de esto?, ¿Qué es lo que favorecemos, recompensamos, reforzamos, fortalecemos de nosotros mismos, de otros?

Estas preguntas han estado ahí desde los inicios de mi propia formación y evolución como facilitadora y no siempre he tenido respuestas que me hayan satisfecho. Es por eso que he seguido atendiendo a mis afectos en los días de insatisfacción o de bienestar, apreciándolos todos, estirándolos, manteniéndolos todos sin prescindir de los unos en beneficio de los otros, hasta conocer algo más de mí, de la ayuda como razón o propósito, y de la ayuda como negocio.

Y es por eso que he ido elaborando alguna idea, más o menos luminosa o sombría sobre la naturaleza de tal ayuda, pensando en lo que me satisface de ello, lo que buscamos, aquello a lo que nos acercamos o de lo cual nos alejamos. Veo en esto relaciones interesantes con la forma de facilitar el cambio, con la formación de coaches y con la metodología que estemos empleando. Y desde luego mantengo una opinión ampliamente formada de qué y dónde facilitar el cambio en Coaching gracias a los programas y metodología DBM de John McWhirter a partir de la cual he podido añadir nuevos enfoques y modelos de intervención y también de redescubrir algunos clásicos.  

Desde hace semanas estoy francamente inmersa en la obra de Nietzsche. Su libro del “Gay saber o la gaya ciencia” contiene tantas geniales propuestas sobre la facilitación, si consideramos que la facilitación hoy podría armonizar con la idea en Nietzsche de una filosofía y de unos filósofos que abrieran nuevas vías para el saber, para el conocimiento y para la vida-, que se me hace difícil no pensar en cómo nos hemos podido formar sin una buena base filosófica. Pero no una filosofía academicista o historicista, sino una filosofía de la experimentación, reivindicativa del valor de la curiosidad y de la comprensión, de la investigación de nuestras acciones e intervenciones hasta sus más sutiles consecuencias.

Porque hay cuestiones de fondo que no se tratan en la formación de coaches o facilitadores, que se dejan al azar o al buenismo de la ayuda del proporcionar bienestar a otros. “De buenas intenciones están las sepulturas llenas” decían en mi casa, sin sospechar los efectos de los efectos que  proporcionaría este inocente desliz semántico[1]. Desde luego no basta con las buenas intenciones y tratándose de Coaching los efectos pueden ser cuanto menos poco ecológicos. 

Esta semana, leyendo uno de los enfoques aforísticos de Nieztsche he revisado una vez más esta cuestión que me ocupa encontrando nuevas aportaciones para mi investigación personal. Y también nuevas preguntas y algunas respuestas para la facilitación hoy, -para nosotros coaches o facilitadores en nuestro particular contexto- porque la práctica de la facilitación en la empresa, implica además compromisos, gratificaciones y demandas que pueden o no ser satisfechas pero que desde luego formarán parte de la intervención y de sus posibilidades.

De uno de los aforismos, “La voluntad de padecer y los compasivos”,  cito esta idea: “También tu querrás ayudar, pero solamente a aquellos (aquello) cuya necesidad comprendes plenamente”. Si cambiamos la palabra “ayudar”, por aquella otra que guste a cada cual (facilitar, enseñar, leer, escribir, pintar, componer…) tendremos en una frase todo un tratado del auténtico arte de lo posible.

Así pues, reivindico una formación filosófica, de auténtica y pura filosofía que investigue las primeras, segundas y aún terceras intenciones de todo facilitador y su particular necesidad de ayudar. Porque también en esto como en otras cuestiones, se puede educar el gusto, la intención y desde luego la práctica. Y es la práctica, la buena práctica, consecuencia de una buena educación de nuestros afectos bienintencionados.

Pilar Mamolar


[1] Aglutinando en un dicho mucho más popular para nosotros estos dos tradicionales refranes: “De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno” y  el también conocido: “De grandes cenas están las sepulturas llenas”. A lo que yo inferí de nuestro particular original que las buenas intenciones, como las opíparas cenas, sugieren antes que nada satisfacer el voraz apetito de uno que las ingiere causándole posteriormente un final fatal.

4 pensamientos en “Coaching, Nietzsche y afectos bienintencionados

  1. Hola Pilar

    Ya tenía yo ganas de engancharme con un tema que me gustase. Éste me gusta.

    Estoy de acuerdo con la formación filosófica como base y añoro poder detenerme a tratar de comprender a los pensadores que me han intrigado o que lo siguen haciendo tan sólo con una idea bien construida, que me entretenga mi mente.

    Cuando encuentro una idea que me hace pensar le doy varias vueltas pero lo que más me gusta es poder compartirla con alguien y ver otros puntos de vista. Esto me ayuda, si me meto en la dinámica, a generar ideas propias o que yo adopto como propias y a descubrir posibilidades nuevas que no había contemplado.

    La idea de ayudar como la idea de educar son gratificantes. ¿no te parece? En ambas está la posbilidad de trascenderse , de por un momento soltarse a sí mismo para ver lo mejor que tienen los otros. Esto cuando se trabaja con niños es muy claro ya que ellos necesitan de esa ayuda poque se encuentran en situación de dependencia construyendo la visión de sí mismos.

    A todos nos han ayudado o todos nos hemos sentido ayudados y hemos confiado en nosotros mismos sobre la confianza que otros depositaban en nosotros y quien sabe si eso, es lo que nos ha ayudado a crecer.

    Un tema, para mí, interesante del que espero sigamos hablando.

    Un beso
    Paloma

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  2. Gracias Paloma por compartir tus ideas. Y también porque me llamas la atención sobre las diferentes maneras de ver la cuestión. Diferentes e importantes. Desde la perspectiva de la educación formal, el tema de la ayuda y educar creo que tiene unas bases diferentes que la ayuda y facilitación en coaching por ejemplo. El proceso formativo del profesorado de los diferentes niveles educativos y la propia habilitación de los profesores, educadores, pedagogos… implica unos ciertos criterios: didácticos, de contenidos, evaluativos, normativos…hasta llegar a ser docente. Y en cierta medida o sobre todo, el proceso formativo de los educadores supone precisamente una reflexión (filosófica y también pedagógica o didáctica) sobre la propia actividad educativa, sus fines, sus razones y sus valores.

    En la formación de coaching y tratando la cuestión de la ayuda o la facilitación en esta materia, no tenemos ni los mínimos establecidos y creo que necesitamos mucho más de la filosofía, la pedagogía y la autocrítica. Creo que deberíamos ser más cuidadosos. Basta con hacer un curso, o a veces ni eso, con cambiar el rol de consultor por el de coach y ahora la cuestión es hacer preguntas poderosas para ayudar a facilitar el cambio… allí donde se presente la ocasión. Si bien es cierto que también puedo falsar esta teoría, aún el coaching y la formación de coaches es algo que no tenemos bien resuelto: a veces no se distingue bien de otro tipo de intervenciones como la enseñanza, la consultoría o el simple consejo; tenemos una gran diversidad de enfoques, corrientes, o escuelas, no tanto verdaderas metodologías, exceptuando la DBM; lo que se publica es muy pobre en su mayoría; luego está la elección de “hacerse coach”, coincidente a veces con momentos de madurez (o tal vez de lucidez?) de la carrera profesional, cosa que no deja de ser un dato curioso. (Aquí se podría pensar, y es lógico, que cuando alguien ha culminado cierta etapa profesional y tiene la experiencia suficiente, estaría en condición de …. ¿enseñar?, ¿transferir esa experiencia?, ¿aconsejar? Pero esto no es coaching, ni siquiera en muchos casos es facilitar. En fin hay muchos ejemplos de claros síntomas que apoyan el “negocio de la ayuda”.

    Y llegados a este punto o a otros parecidos, -numerosos caminos y bifurcaciones te llevan a encontrar un coach-, es donde planteo esta exploración, para incomodar/ incomodarme sobre la ayuda y sobre por qué facilitar.

    Estoy muy de acuerdo contigo Paloma, es gratificante y maravilloso facilitar allí donde podemos hacerlo, crecer y aprender con otros, personalmente creo que es de las cosas más fascinantes que existen. Y es una tarea que me merece tanto respeto y atención como respeto y atención veo en ti y en tantos educadores que utilizan toda su experiencia para seguir aprendiendo y disfrutando con lo que hacen.

    Un fuerte abrazo,
    Pilar Mamolar

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  3. Hola pilar:

    Perdona, si te ofende mi entrada.Soy una okupa en tu blog, en busca de una ubicación. Aquí encuentro un espacio donde me encuentro.

    Sólo quería decirte que me parece clave trabajar desde el talento,desde las potencialidades .

    Gracias por crear estas islas de talento.

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