Gestión del Talento, motivación y pasiones

Dentro de poco comienza un nuevo cuatrimestre del programa de Gestión del Talento. Este año he introducido algunas novedades, sobre todo en la parte de Gestión del propio talento. Los que hayan seguido el blog, intuirán que los cambios estarán relacionados con la DBM y la metodología experiencial. También con las últimas investigaciones relativas a la gestión del talento. En los últimos meses se han publicado y traducido algunos libros divulgativos[1], -Tim Ingarfield hacía referencia en su blog-, basados en algunas de las más actuales líneas de investigación sobre el talento y el desempeño excelente. Las investigaciones de K. Anders Ericsson, Michael J. Prietula y Edgard T. Cokely están siendo en estos momentos un referente para avanzar en una perspectiva del talento alejada de lo innato e interesada por descubrir las claves principales para su desarrollo. Pero sobre esto volveré en otra ocasión. Hoy quiero hablar literal y metafóricamente sobre esta cuestión siempre inacabada de la motivación y las pasiones. Y ¿Qué tiene que ver esto con el Talento? Mucho, ya lo sabéis. Colvin dedica un capítulo entero de su libro ¿Dónde surge la pasión? Y Coyle, habla de Ignición, de energía, de pasión y compromiso. Y lo que yo pienso es que seguimos girando en torno a las teorías de la motivación con muchos ejemplos de cómo lo hacen algunas personas o grupos de reconocido prestigio, y con mucho menos conocimiento de cómo lo hacemos cada uno de nosotros.

El año pasado, durante el curso dejamos (un poco) en paz la teoría de las motivaciones (intrínsecas y extrínsecas, de Maslow, Herzberg, incluso de McClelland) para que cada uno echara mano de su experiencia y se cuestionara cómo y cuando empieza, como cambia, como se mantiene.. esto de la motivación. Recuerdo especialmente la respuesta de una alumna, de Lidy, que nos dio un magnífico ejemplo de su propia experiencia vital y de cómo ella se mantenía activa y comprometida con algunas de las habilidades que quería seguir desarrollando. Esta es la idea. Extender este cuatrimestre algo más de esto. Además de conocer la teoría…

Y ahora al volver a revisar la parte de la motivación, los ejercicios experienciales y mis propios ejercicios literarios-experimentales he recuperado este texto, que quiero compartir con vosotros.

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De cómo se crean algunas pasiones

No son diferentes esos lazos. Los lazos creados con autores, poetas, escritores, de los otros lazos “reales” con quienes coincidimos en un espacio y en un tiempo. Cuando se trata de crear lazos no es una dificultad el tiempo, -otro tiempo, otro siglo, otra vida pasada o presente-. Tampoco el espacio, ni la edad, el género, la religión o la cultura. Porque algunas pasiones no entienden de tiempo ni de condición. Supongo que habrá muchas formas de construir lazos. Yo descubrí siendo muy niña la pasión en otros y me emocionó. Real o ficticia, en un tiempo presente o en un pasado muy lejano, no había diferencias para mí. Es la misma pasión que descubres entre las sílabas, ese brillo en el rostro de las palabras, en la expresión de los rostros imaginados, tan reales como el rostro amado. Es la propia pasión que construyeron, que construyen los que amaron/aman, reconocidos o anónimos y hacen de ello su forma de vida, su principio, su trayecto o su fin.

Si tal amante vivió en el pasado, es la escritura el vehículo que me lleva a construir ese lazo. Sus palabras escritas y mi apasionada lectura van restituyendo ese calor, esa exaltación, aún mínima de su apasionada experiencia. Porque a través de las letras se escaparán esos pequeños brillos y yo estaré atenta para tocarlos.

No son diferentes esos lazos atemporales, de los lazos construidos con los creadores de este tiempo: los amantes de sus mínimas o grandes obras. Esos lazos establecidos, casi siempre secretos, con los que he admirado y admiro todo lo humano. En un principio eran tan firmes que podía fácilmente hacer del creador objeto de mi pasión. Así creo que fueron las primeras veces y mis primeros amores en la infancia fueron todos así de apasionados, siendo muy variadas sus propias pasiones y oficios: el primero, un tramoyista y después otros muchos, un zapatero, un vago (enamorado de su pereza), un poeta, un jardinero, un músico, un maestro, un restaurador…

Así hasta que aprendí a hacerlo yo, a crear en mí algo de lo que veía, de lo que admiraba. Después de todo si tanto lo admiraba, algo mío, en potencia tenía que existir, algo que quizá podría cultivar yo. Porque había observado antes, había secretamente admirado y había sentido también en mí algo de aquella pasión. Quizá podría copiarlo, había visto muchas formas, muchas maneras de hacerlo. Pronto supe que no podría ser una copia o una simple reproducción. Crear una pasión responde más a la idea de cultivo. Depende del terreno que tengas, del clima, de si quieres plantar flores de temporada, arbustos, hortalizas o frutales. Así que elegí algunas cosas con las que empezar, algunas aficiones, algunas profesiones… Lo importante fue empezar, saberme libre, crear otros lazos, independizarme si no del todo ¿quien lo querría? de las estelas. Cultivando mis propias pasiones, conocedora de los millones de maneras posibles de crearlas y mantenerlas a lo largo y ancho del tiempo.


[1] G. Colvin  “El talento está sobrevalorado”; Dan Coyle “las claves del talento” o Malcom Gladwell, autor de “Los Fuera de Serie”.

6 pensamientos en “Gestión del Talento, motivación y pasiones

  1. Hola

    Estaba aquí todo agobiado en mitad de una tarea de lo más ingrata, y por otra parte, importante, hasta que en un descanso me he encotrado con tu último post.

    Me ha hecho reconectar por qué estoy haciendo lo que hago y descubrir la pasión oculta, subyacente (la tarea ingrata es rellenar mi curriculum para que lo evalúe la ANECA).

    En fin, me gusta eso de los lazos y lo de enlazarse, ese “bonding” tan básico y tan crucial, sobre el que luego se puede construir tanto.

    Ya nos contarás qué tal va el cuatrimestre.

    Un saludo

    Alejandro

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  2. Hola Alejandro¡
    Síiii, si no fuera por esas pasiones ocultas que íbamos a hacer los formadores … bueno y los terapeutas, consultores, escritores, periodistas, comediantes, cocineros, zapateros, equilibristas … que sería de todos nosotros … Ja¡ como tu dices.
    …Y suerte con la tarea.
    Un beso
    Pilar

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  3. Querida Compañera de Viaje:
    Una de las reflexiones que tu texto ha suscitado en mí, es que somos los libros que hemos leído, los afectos y los des-encuentros, nuestros triunfos y nuestras des-ilusiones.
    La otra reflexión me va a llevar más tiempo y espacio compartirla y tiene que ver con uno de tus amores, Thoreau.
    Espero que en cuanto esté lista me la “cuelgues”.
    Un abrazo.

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  4. Hola compañera¡
    …Y que reflejamos nuestras elecciones, me refiero por supuesto… a los libros.
    … Y que espero con expectación ese post tuyo, será un placer alojarte de nuevo.
    Un abrazo
    Pilar

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  5. Me gusta el comentario de Pilar (¡caray! la otra Pilar, Fernández) sobre lo que somos. Que lo dice en cinco líneas. El problema de la pasión puede ser su exceso, que puede transformarse en obsesión. Lo complicado para los extremadamente apasionados-adas, es eso, controlar la pasión y, quizá, encauzarla por otros derroteros. Quizá la única forma es el tiempo, la experiencia y el ensayo. O ponerse en torero y, cuando sale esa pasión brava dispuesta a saltarse hasta el tendido 7 de las Ventas, parar, templar y mandar. No lo sé. Sobre los lazos, yo creo que se pueden crear incluso sin palabras. Pero eso es otra historia. Disculpad, quizá estas líneas han salido por no controlar esa pasión que a veces se me desborda y que intento domesticar. Saludos.

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  6. Una cuestión etimológica: pasión viene del latín passio y del verbo pati, patior (padecer, sufrir, tolerar). Pasión indica lo contrario que acción, es decir un estado pasivo. Antes de que se generalizara el término emoción, eran las pasiones las que ocupaban un lugar común en la literatura. El significado de emoción es movimiento y parece que nos llegó del país vecino: émouvoir, significaba ‘emocionarse’ o ‘conmoverse’. El verbo francés provenía del latín emovere, formado por ex ‘hacia fuera’ y movere, que significaba ‘remover’, ‘sacar de un lugar’, ‘retirar’, o ‘sacudir’. Me llama la atención esta cuestión y compararla con el uso que le damos. Nos gusta escribir sobre la pasión (exageradamente), a veces la utilizamos como recurso, como metáfora, como representación de algo, para resaltar o dar fuerza a una idea. Este es el caso cuando incluí el término siguiendo la argumentación de G. Colvin ¿Dónde surge la pasión? para explicar un rendimiento extraordinario. Pero para hablar de la pasión como problema (no es el caso del post) es más acertado hablar de emociones. Hablar de la pasión como problema y de su control es casi una limitación. Yo hablaría de emociones y de su gestión. Gestionar emociones es posible. Es una habilidad y como tal se puede aprender y desarrollar. Sería bueno distinguir estos usos, sobre todo si queremos trabajar con nuestras emociones. Gracias por plantear esta cuestión. Saludos.

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