Aprendizaje y posibilidades

Al parecer y como todos los niños, había tenido mi momento de genialidad allá por el parvulario. Idiomas, dibujo, cuentos, baile, manualidades… aquello se desvaneció con la entrada de los contenidos oficiales y el currículo de la enseñanza reglada. Entonces todo empezó a ser lejano, muy lejano, difícil, insalvable… aburrido. Tanto como para caer en un profundo y discontinuo letargo académico hasta la universidad, con pequeños periodos de alerta, cuando la cosa pintaba mal, malas notas, ciertas lagunas en mis habilidades básicas, suspensos en matemáticas…. Yo tenía conciencia (mala) de ello, por alguna llamada de atención externa. Mis padres, que afortunadamente no me presionaron en exceso y me dejaron jugar hasta más allá de lo “razonable” para mi edad, se alertaban hacia el final de los “límites” formativos (EGB, BUP, Universidad) y cariñosamente me hacían saber lo importante que sería finalizar los estudios. Los de mi generación (65) entenderán esto perfectamente porque para una gran parte de nuestros progenitores fuimos la primera generación en este país que terminaría la Educación General Básica. Y nadie más preocupado que ellos para que progresáramos más allá de esto. Algunos profesores también avisaban con el clásico, “si pero… podría hacer mucho más…”, (me temo que con poca idea sobre cómo hacer y porqué), cuando notaban ocasionalmente alguna chispa de interés o “genialidad”. Interés que se perdía nada más salir yo atropelladamente de la clase al recreo, verdadero centro de investigación y descenso al mundo real (en sentido metafórico y literal), pues el mundo se encontraba a 9 escalones de clase. Allí podíamos respirar de nuevo y volver a conectar con cosas reales en el mundo real, -juegos, sol, niños, pollitos, chuches… – tiempo eterno y a la vez diminuto…-  para volver de nuevo a la incubadora de contenidos.

 Muchos años después de esto y de haber modelado diferentes formas de atender al mundo y a las cosas, de aprender y aprender a aprender con más o menos éxito, he vuelto a retomar (espero que a finalizar esta vez) el doctorado y la tesis. Con los créditos del antiguo doctorado tengo dos años de plazo según el nuevo Plan, así que no habrá mucho tiempo para recreos esta vez. Tampoco me preocupan en exceso los plazos o las limitaciones académicas. Ahora sé porqué quiero hacerlo. No hay nada que necesite hacer, poco posicionamiento académico, universitario o empresarial. Esto tiene más bien la estructura del juego. Quiero explorar en el mundo real, con personas reales, en contextos reales. Y como no podía ser de otra forma, el asunto estará relacionado con el aprendizaje adulto, la autogestión de los procesos y las estrategias de aprendizaje, la metacognición.

La comunidad DBM que siga el blog, entenderá que esta metodología me guiará.  El diseño de investigación será cualitativo, constructivista, interpretativo. Porque me interesa la estructura de los acontecimientos, porque me apasiona saber como cada individuo construye su propio aprendizaje y desarrollo, porque quiero conocer los significados profundos que cada uno otorga a su manera de aprender, que es tanto como decir su particular manera de ser y de estar en el mundo.

 La idea de aportar y contribuir aún mínimamente a identificar estrategias, (para uno mismo o para otros) y de generar una mayor comprensión para dirigir mejor el propio desarrollo, me sigue pareciendo tan apasionante como difícil y aún estoy trabajando en la delimitación del asunto y posibilidades. Este es el primero y el clásico problema del investigador principiante al iniciar una tesis y no soy ajena a ello, solo que esta vez, aunque la tarea sigue siendo difícil, está conectada y vinculada con mi propia experiencia y construcción del mundo y de las cosas. Así que la mayor parte de las veces tengo la sensación de volver a salir “atropelladamente” al recreo.   

 Os iré informando de mis avances al tiempo que sigo aprendiendo con cada uno de vosotros, alumnos, clientes, familia, amigos y más… y vuestra especial y única manera de aprender y de transitar en el mundo.

 Un saludo,

Pilar Mamolar

2 pensamientos en “Aprendizaje y posibilidades

  1. Hola Pilar: ni soy alumno, ni cliente, ni familia, ni me atrevo a decir que amigo o más (aunque quizá ahí entre el resto del mundo). Si acaso, admiro tus escritos. Lo que sí soy es del 65 y comparto las líneas iniciales de tu entrada. Veo que has tomado una decisión: concluir el doctorado. Te envidio. Éste mismo, y otro objetivo, merodean en mi cabeza desde hace años. Veo que sabes por qué quieres hacerlo. Quizá ese sea mi problema. Veo que esta entrada es de marzo. Aunque no salgas al recreo, ¿nos dirás cómo lo llevas por si alguno podemos copiarte en algo? Suerte.

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  2. Hola Alfonso,
    Tienes razón, son muchos días sin salir al recreo. Difícil escribir con tanto hacer. Pero no me olvido, quiero comentar algo de mi experiencia con el trabajo de investigación en estos meses. Mucho trabajo y reflexión con apenas resultado “visible” pero es parte de los problemas de los principiantes investigadores. La falta de concrección y delimitación del objeto de estudio es de libro. Y yo me he leído varios de cómo hacer una tesis. No por ello dejas de pasar el sarampión. Pero sigo tan ilusionada, algo más realista que al inicio.
    El doctorado no es más importante que otras cosas en el desarrollo -escribir, cuidar a otros, apoyar a los amigos, ser compañero, ser militante (tuyo preferentemente) y más- pero también es cierto que tienes que tener claro que vas a embarcarte en una aventura que te llevará tiempo y esfuerzo, tiempo y esfuerzo que probablemente no aplicarás a otras cosas. Pero si decides que aquello que quieres investigar-conocer es parte de ti, como lo son esas otras cosas importantes en tu vida, la decisión es fácil y la tarea… en mi caso nueva.
    Un saludo,
    Pilar

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