Orientación profesional: ¿dilema entre teoría y práctica?

Con permiso de la autora presento una o varias cuestiones que ella planteaba hace poco y que me parecen muy representativas de la intervención orientadora y la relación no siempre bien resuelta entre teoría y práctica. Las cuestiones que plantea desde el campo de la orientación profesional, bien pueden aplicarse a la educación de adultos y a otros campos de estudio que pueden ser definidos como “campos de práctica”[1].

“La cuestión más difícil de abordar y resolver en la práctica diaria es … ¿por qué la gente no se activa o si lo hace, no se activa “adecuadamente” después de disponer de la información y haber planificado un itinerario en base a una serie de decisiones tomadas supuestamente a conciencia con su orientador?, es decir, ¿qué pasa cuando llegan a “su realidad” y aparecen variables (circunstanciales y personales), formas de hacer y razones que no encajan en el esquema “teórico” desarrollado por la orientación?… esto es, ¿cómo conseguir cambios en el hacer para ir en la dirección deseada por esa persona en concreto?. Para mi esta ha sido siempre la limitación de la orientación en los diferentes enfoques que se le van dando tanto en la práctica como en la teoría y como puedes imaginar para mí DBM® (Developmental Behaviour Modelling), ha sido la forma de poder ir más allá, de encajar esas variables personales y únicas en cada persona, por lo menos para ayudar a identificar, cuestionar y/o mejorar maneras de hacer”. Marta Ros,  Orientadora profesional.

La cuestión que plantea Marta, constituye desde mi punto de vista uno de los principales desafíos que tenemos los profesionales en ejercicio, pero también los investigadores y los teóricos de estos campos de estudio o campos de práctica, como lo son la orientación o la educación de adultos.

Los profesionales “sabemos” que la teoría formal constituye un fundamento o una base con la que intentamos obtener una “buena” práctica. Compartimos en general, la idea de que si nos atenemos a una teoría “apropiada” y bien fundamentada en los hallazgos de la investigación, llegaremos a desarrollar buenas intervenciones (educativas u orientadoras). Esta cuestión sin embargo, plantea más de una dificultad y no pocas insatisfacciones para el orientador o el educador de adultos, entre otras: que la relación entre teoría y práctica no es directa, ni es real hasta que no se convierte en experiencia concreta (hasta que el orientador/educador no interviene en una situación real). Que las comprensiones (de las teorías formales) son muy diferentes de las comprensiones prácticas. En este sentido la práctica es experiencial, no predecible, interpretable y única, mientras que las comprensiones teóricas y la investigación correspondiente es estable, universal, teóricamente reproducible y comprobable.

Quizá el problema, viene del hecho de que el conocimiento generado en un campo de estudio como la orientación proceda fundamentalmente de la teoría formal y en menor medida de las propias prácticas de quienes están más implicados en el proceso orientador. Esta circunstancia produce un conocimiento que se genera entonces al margen de quienes más directamente están implicados en tales procesos, educadores, orientadores, formadores y sus “clientes” más directos.

Esta idea, aplicada al campo de la educación de adultos, es una de las muchas que plantean los autores Usher y Bryant en su  libro, La educación de adultos como teoría, práctica e investigación. El triángulo cautivo. Es una buena lectura para todos aquellos profesionales de la intervención que nos interesa investigar desde la práctica. Y cuando hablo de investigar no me refiero a publicar, o no necesariamente, me refiero a explorar una realidad concreta y añadir nuevas comprensiones a las ya existentes que pueden derivar a su vez intervenciones más efectivas, eficientes, elegantes. [2].

La tesis parte de las relaciones tradicionales entre teoría, práctica e investigación y examina los factores que definen la cautividad de esas relaciones. Con la metáfora de “triángulo cautivo” los autores señalan el hecho de que esas relaciones se hayan en cautividad, dentro de una comprensión convencional y restringida: la teoría y la investigación son tradicionalmente aplicadas a la práctica y constituyen su fundamento o base. Esta comprensión y posicionamiento de unos elementos sobre otros nos mantiene a unos (teóricos) y a otros (prácticos) en ese ideal de obtener una “buena” práctica si nos atenemos a una teoría “justa” o si hacemos el tipo “preciso” de investigación. Para salir, en cierta medida, de ese triángulo, necesitamos una nueva manera de pensar en estos tres elementos, remodelar la relación y desarrollar una práctica reflexiva y crítica. Hay muchas claves en el libro para hacerlo. Una de ellas es empezar a reflexionar sobre nuestra realidad, partir de nuestra práctica y de los problemas y limitaciones derivados de ella. Es decir, cuestionarnos y cuestionarla, de modo que podamos adoptar un enfoque crítico con el que explorar nuevas posibilidades.

Otro de los puntos interesantes de esta tesis es la clasificación que proponen de la misma noción de teoría, mucho más abierta y plural, incluyendo la teoría formal, derivada de disciplinas como la psicología y la sociología, y la teoría no formal, localizada en la práctica. En este sentido, creo que a muchos de nosotros nos interesa profundizar en esta última. Lo cual no quiere decir desechar toda teoría formal. La teoría formal puede servirnos de base, pero no explica nuestra práctica o al menos no aborda los problemas derivados de ella, esos a los que hacía referencia Marta.

Como ella dice, trabajando con DBM, podemos ir más allá para crear respuestas únicas a realidades únicas y cuestionar de forma reflexiva nuestra propia intervención. También estamos compartiendo, una teoría contrastada en la práctica, que sigue haciéndolo a través de la actividad de los profesionales que trabajamos desde este enfoque. “Si los profesores en ejercicio poseen ya una “teoría” compartida por una comunidad de éstos, la “teoría” de la educación de adultos se refiere a ésta, más que a la “teoría” de las disciplinas”. (Carrr y Kemmis 1986, en Usher y Bryant: 174).

Creo que estas y otras ideas del libro, son útiles para que nos animemos a investigar desde la práctica sin complejos, sin rechazar las teorías formales como fundamento, pero ya sin la molesta convicción de que ellas nos proporcionarán la “mejor” de nuestras prácticas.    

Pilar Mamolar


[1] Es un término utilizado por Usher y Bryant para expresar la idea de que la educación de adultos como campo de estudio, es un campo de práctica y que la tarea de la educación consiste en examinar la naturaleza de esa práctica. Creo que también se podría aplicar al campo de la orientación profesional.

 [2] Distinciones del modelo de evaluación DBM®

 

8 pensamientos en “Orientación profesional: ¿dilema entre teoría y práctica?

  1. Por la temática que planteas puede quizás interesarte conocer esta web-blog dedicada a las metodologías formativas basadas en la reflexión
    http://www.practicareflexiva.pro/
    En esa plataforma orientada a profesionales expertos creo que puedes encontrarás trabajos y experiencias con las que te sientas identificada al sostener la misma epistemología de la práctica que leo en tu post. Se propone la práctica como punto de partida para la mejora profesional. Todo eso lo encontrarás en concreto. Quedamos abiertos a tu participación si te interesa.
    Àngels Domingo
    Equipo impulsor de practicareflexiva.pro

    Me gusta

    • Gracias por esta información, me parece muy interesante. Apenas he podido curiosear en vuestra web, pero sin duda espero profundizar y compartir, creo que hay temas y principios comunes, la auto-dirección y el desarrollo de habilidades para aprender a aprender a lo largo de la vida seguramente sea uno de ellos.
      Gracias de nuevo y un saludo.
      Pilar Mamolar

      Me gusta

  2. Me parece muy interesante lo que planteas y me anoto la referencia del libro para “disfrutarlo”. Esa separación entre la realidad y la teoría se experimenta con demasiada frecuencia en la “cuna de la ciencia”: la universidad. Quizás habría que establecer que la ciencia, las teorías, todo aquello que vaya en el sentido de conocer, guiar y facilitar un buen hacer en el mundo desde cualquiera de sus disciplinas, es, debiera ser, patrimonio de la humanidad.
    No hay ciencia con mayúscula y ciencia con minúscula dependiendo de donde provenga. A algunos les interesa mantener esa superioridad de la ciencia formal y amancillar cualquier otro tipo de aproximación. Me pregunto hasta qué punto están a favor de la ciencia o los sólo lo están de sus personas como “reputados” científicos.
    Me recuerda el argumento del Circulo de Tiza Caucasiano de Bertolt Brecht.
    La ciencia no es de quien la crea, es de todos. De lo que se trata es de aprender cómo funciona el mundo y cómo poder hacerlo funcionar para un mayor beneficio de la humanidad y del propio sistema (ecología). Que yo sepa no está demostrado que la teoría que proviene de la práctica no sea en este sentido útil. No se trata de descalificar a un tipo de teoría o a otra; se trata de aunar esfuerzos. Claro está que esto no es posible si hay enfrentamientos entre la ciencia básica y la aplicada, el enfoque cuantitativo y el cualitativo, las ciencias duras y las blandas … etc.
    En la obra de Bertolt Bretch la verdadera madre es quien deja de tirar del niño para no hacerle daño. En cuanto al asunto que ahora nos atañe, desde mi punto de vista, los verdaderos científicos son los que tienden la mano para construir entre todos un mundo mejor para todos, que falta hace.

    Me gusta

    • Hola Laura, gracias por tu comentario. Creo que es esa dualidad de la que hablas nos ha alejado desde tiempos de Platón, de un enfoque holístico, integrado y maduro de cómo funciona el mundo y cómo hacerlo funcionar. Aunque viéndolo ahora, igual era un camino de conquista de nuestra propia madurez evolutiva desde los tiempos en que separamos logos y mythos, el pensador, de lo pensado. Ese es también el paradigma de las ciencias naturales, el de la existencia de verdades y mundos externos y universales independiente de la mirada de los individuos. Y aunque como he tenido ocasión de comentar en otra entrada, esa manera de pensar nos ha proporcionado avances singulares, tiene también sus límites, sobre todo en el mundo de las ciencias sociales. El mundo de las leyes universales, de la causalidad y del método científico, de lo cuantitativo y de las variables dependientes e independientes, apenas nos dice nada acerca de lo fortuito y de lo imprevisto, de lo contextual y lo cualitativo. Pero acaso ya estemos preparados para integrar las cosas, para hacerlas avanzar de manera sabia, como dices de “dejar de tirar del niño” y construir mejor entre todos, pues si ya no hay una verdad ahí afuera, defendible e incuestionable, es momento de que podamos empezar a reconstruir nuevas posibilidades. Gracias Laura por compartir y por hacernos pensar.
      Pilar

      Me gusta

Los comentarios están cerrados.