¿Qué hacemos cuando hacemos consultoría? Consultoría Operativa y Consultoría Sistémica.

Reflexionar sobre qué es consultoría, cuáles son sus ideales y sus valores, su ética o sus estándares es algo que no se suele enseñar en los inicios de la profesión. Ello no quiere decir que no se aprenda. En esta profesión se aprende y mucho, y como en otras, la mayoría de cosas se aprenden directamente de la práctica. Aún así, no toda práctica fomenta la reflexión crítica más allá de los estándares relativos a la comercialización de los servicios o los proyectos.

Con más de un colega, he compartido alguna idea sobre cómo enseñar estos Ideales – Principios – Ética – Estándares[1] a los jóvenes consultores o aquellos profesionales con experiencia en línea que se inician en esta profesión. Para los que no están familiarizados con DBM, este es uno de los modelos más interesantes sobre los que se puede organizar la enseñanza, en cualquier campo y actividad.

Aunque no sea esta enseñanza una cuestión clave para ejercer la profesión, todo consultor con experiencia, habrá reflexionado sobre estos cuatro niveles y en base a ello habrá decidido muchos asuntos relacionados con su práctica.  Me refiero a distintos tipos de decisión, desde los principios de actuación en un cliente, al tipo de soluciones y  “tecnología”, (herramientas, modelos de intervención…) que aplica, porque la tecnología no opera aisladamente de unas ideas o ideales, sino que forma parte de ellos o los sirve. Pongo un ejemplo sencillo: las descripciones de puestos y la adecuación  persona-puesto, la evaluación en base a perfiles de competencias, los formularios de planificación de acciones, de objetivos… todo ello forma parte de la idea e ideales que tenemos o deseamos, acerca del negocio, del trabajo, de la innovación o del compromiso y desde luego de las personas. Y esto, es lo que no se suele enseñar, aunque se enseñen y se aprendan muchos instrumentos y procedimientos específicos. Enseñar cualquier “tecnología” sin atender al tipo de ideas o ideales a los que sirve, o introducir una  bienintencionada ética, desprovista de una tecnología adecuada… es ahí, donde antes o después surge esta reflexión en todo consultor sensible. ¿Qué hacemos cuando hacemos consultoría?

Tradicionalmente la consultoría fue poco operativa y muy “consultiva” es decir, con poca capacidad para hacer. Los consultores aconsejaban y otros hacían el trabajo. Una gran distancia entre el diseño y la implantación que terminó por hacer nada rentables las enormes inversiones en consultoría. Hoy en día esto ya no es sostenible y todo consultor que se precie, se pone “manos a la obra” para llevar a la práctica lo diseñado. Yo creo que en eso hemos avanzado y mucho, haciendo de la necesidad virtud. Sin embargo, tenemos aún otros grandes retos desde mi punto de vista. La mayor cualificación del cliente y sus conocimientos acerca de las soluciones a implantar, hacen del consultor un profesional mucho más operativo y menos, por así decir, “consultivo”. Si el cliente precisa de las habilidades de un consultor, no es por falta de experiencia. Habitualmente el cliente no suele tener el tiempo o tal vez los conocimientos más técnicos sobre el asunto a tratar. En este contexto, el consultor necesita ser cien por cien operativo acerca de las soluciones que busca el cliente. Eso ha hecho de la “especialidad” virtud, además de ser la actividad especializada una estrategia de acercamiento al cliente claramente necesaria. Pero no forzosamente la especialidad es buena aliada de la consultoría. Depende. Yo no tengo nada en contra esa especialización que practico a condición de no perder de vista como encajan esas soluciones en el “Sistema cliente”. Me refiero a un Sistema mayor donde la solución “encaja”. Un Sistema en el cual el cliente es experto, y que incluye los muchos significados que la organización ha construido acerca de sí misma, de lo que es o quiere llegar a ser, de sus roles, sus políticas, sus acciones.

Como consultores, no conoceremos estos significados (ni tenemos que pretender conocerlos) pero sí disponemos de las habilidades para conocer y explorar ese Sistema. Si nos olvidamos de esto, seremos consultores operativos, (o muy pretenciosos), lo cual no significa que hagamos consultoría. Y esta es una distinción entre la consultoría operativa y la consultoría sistémica. El Consultor, antes de ponerse “manos a la obra” realiza una verdadera labor consultiva, donde puede hablar honestamente y preguntar sin complejos. Preguntas que conecten los problemas con las soluciones, que indaguen en las asunciones, convicciones y creencias de las que partimos y también en las implicaciones, las limitaciones y los riesgos. Una labor consultiva que genere propuestas sobre otras posibles soluciones no contempladas, que garantice la oportunidad de pensar con el cliente de manera colaborativa, para apoyar los resultados que se buscan en coherencia con ese Sistema. Estas cuestiones, forman parte de las labores más apasionantes de un consultor, que no perderá de vista lo operativo, si ha caído en la cuenta de que no hay tecnología, al margen de las ideas.

Esto es aplicable a cualquier contenido o especialidad en Consultoría, desde la más genérica Consultoría de Negocio a una más específica, en el campo Tecnológico, de los Recursos Humanos, o del Talento, como es este el caso.  


[1] DBM® Modelo de Campo Integrado.