“Las personas que no observan no pueden conversar”*.

Este es una de las citas, entre otras muchas, que encontramos en el nuevo libro de Sennett, “Juntos”, un libro con el que me he sentido muy acompañada, reparada y también alarmada. Si Juntos habla de la necesidad de cooperar en todos los ámbitos de la vida, privados y públicos, también nos habla de los muchos riesgos de un yo no cooperativo, de sus muchos rostros: soledades, ansiedades, narcisismos, autocomplacencias, autoexigencias, obsesiones e inseguridades. Hay muchos temas que se abordan en este libro relacionados con la cooperación. Y algunas metáforas muy clarificadoras extraídas de los oficios, los artesanos y los talleres de reparación para observar ritos, gestos y maneras de atender al otro, de crear con otros o de compartir los pequeños dramas de los intercambios cotidianos. Creo que resulta muy inspirador sobre las posibilidades que aún tenernos para avanzar hacia una nueva cultura donde la competencia no estrangule la cooperación. Pero también alerta de los graves peligros de una competencia voraz que se ha instalado en nuestras instituciones y nuestra manera de entender la vida, llegando así a nuestros corazones para cambiarnos desde lo más íntimo, para cambiar nuestro carácter. Y es que para Sennett el carácter es la manera en que como individuos respondemos a las exigencias y desafíos que la actual sociedad nos impone: desigualdad estructural, competitividad, cortoplacismo, superficialidad de los vínculos sociales y desde luego debilidad en las políticas de cooperación. Esas “soledades” son parte de esta transformación del carácter.

Pero yo quería hablar de algo más específico que incluía en el título:  “Las personas que no observan no pueden conversar”. Como parte de esas posibilidades de cooperación Sennett habla de  las  conversaciones. Y dentro de las conversaciones de las diferencia entre dialéctica y dialógica. Con respecto a esta última, me gustaría seguir explorando, pues me ha llamado la atención cómo estamos utilizando este nombre en diferentes disciplinas, desde la educación a la terapia. Sennett atribuye a las conversaciones dialógicas una mayor comprensión mutua, que no ha de resolverse en algún tipo de acuerdo o fundamento común. Una conversación que amplía la comprensión de una experiencia, un hecho, una vivencia o que genera nuevos significados. Entonces es de suponer, que la capacidad de observación del oyente es un aspecto esencial. Los pequeños gestos, los silencios, los sonidos, más allá de las palabras, pueden añadir nuevos matices, sobre los que seguir danzando. El exceso de identificación con el otro, tanto como el exceso de identificación con uno mismo la puede echar a perder.

Al leer algunas de estas características, he echado mano de experiencias cercanas y de ejemplos sobre los que seguir trabajando. Creo que podemos practicar este tipo de conversaciones en lo cotidiano, tanto como en la guía o el acompañamiento más especializado (la educación, la orientación, la terapia). De momento me quedo con las sensaciones que puedo sentir practicando este tipo de conversación: una proyección de mí hacia fuera, un espacio enorme por explorar y una manera muy, muy particular de hacerlo… JUNT@S.

Felices Reyes.

Pilar Mamolar

 * Balfour Browne citado en Sennetr R. Juntos. Rituales, placeres y política de cooperación.

2 pensamientos en ““Las personas que no observan no pueden conversar”*.

  1. Pues es muy interesante el tema ¿blogs dialécticos o dialógicos? Seguro que los expertos en comunicación digital tienen mucho que decir. Yo creo que estamos más acostumbrados a lo primero (opinar, aseverar, liderar, influir, convencer… cuando no vender, tener seguidores o persuadir de algo “bueno”. Veo menos, y me incluyo en este análisis, lo dialógico, entendido como oportunidad para aprender con el otro/otros, llegar a nuevas comprensiones, o nuevas preguntas o nuevos significados…
    Sin excluir ninguna opción, me gustaría experimentar más con esta segunda posibilidad, lo cual me lleva a nuevas preguntas ¿Cómo promover este diálogo colaborativo? ¿Qué tipo de lenguaje o forma utilizar? ¿Cómo dejar espacio (en lo dicho o lo escrito) para nuevas interpretaciones, o nuevas formas de ver un problema, una realidad?
    Gracias por compartir.
    Pilar

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