Contextos para aprender y enseñar juntos

A lo largo del tiempo sigue emergiendo esta reflexión sobre el estilo docente, que no es sino una etiqueta para abordar el tipo de aprendizaje que fomentamos en el aula o en cualquier otro contexto de E-A. Esta reflexión sobre la práctica, surge ahora con relación a experiencias recientes: una comunicación sobre cómo fomentar el aprendizaje reflexivo de alumnos del Prácticas Profesionales; una sesión que preparo sobre trabajo colaborativo con docentes y varias lecturas sobre aprendizaje colaborativo de A. Iborra, magníficas referencias prácticas y a la vez muy inspiradoras para trabajar los procesos de aprendizaje colaborativo [1]. Por otra parte, tengo aún el poso que me dejó estas Navidades el libro de Sennett “Juntos” mientras experimento el placer de compartir mi experiencia con otros profesionales y/o clientes, recibiendo a la vez el apoyo y la guía de otros colegas con relación a varios proyectos.

Todo esto me conecta con uno de los desenlaces identificados en mi paso por el programa de Terapia y Consultoría Sistémica en 2009. Era algo así como participar/pertenecer a  una comunidad de práctica, de investigación, no sé cómo exactamente lo describía, pero la idea era trabajar junto con -colegas, clientes, alumnos, profesores…-.

Entonces no le llamaba aprendizaje colaborativo y tampoco sabía exactamente como “hacer” ese desenlace. Supongo que el trabajo experiencial en el aula, tanto en el rol de participante/docente, y un nuevo “coloque” como investigadora activa en ambos roles,  hicieron emerger algunas nuevas direcciones conectadas también con aquello de lo que quiero alejarme (dogmatismos en forma y fondo, arrogancia, transmisión de contenidos, soluciones o protocolos, así como ideales poco útiles acerca del rol docente).

El caso es que aunque no sabía exactamente como avanzar para crear entornos colaborativos de trabajo y aprendizaje, en el aula o fuera de ella, supe enseguida que más que un logro, se trataba de un desenlace emergente, como hacer el pan nuestro de cada día (del post anterior).

La pregunta, después de todo podría ser ¿qué ingredientes utilizamos y cómo los mezclamos para que algo de eso ocurra? O cómo plantean los autores citados: ¿Qué tipo de contextos promueven el aprendizaje y el desarrollo? (Aplicable a cualquier rol/intervención). Teniendo en cuenta que como docentes creamos contextos que a su vez crean distintos significados,  y que un contexto no es otra cosa que la “pauta que conecta”[2] los muchos ingredientes del aprendizaje colaborativo, -alumno-alumno, docente-alumno, docente-tarea, alumno-tarea, a ambos con resultados, o a ti conmigo en una relación colaborativa-,  esta pregunta nos sugiere muchas posibilidades para la observación y el cambio. Y no solamente por lo que ahora puedo notar, con objeto de llegar a “hacer” algo mejor o distinto para  (participar/colaborar/co-crear) sino por todo lo que aún no noto y estoy en vías de poder notar/investigar.

Para el docente, o cualquier profesional en ejercicio, notar lo que hace –a distintos niveles de desempeño-, es el verdadero desafío. Y no por tener mucha experiencia estamos en vías de aprender o desafiar nuestros límites. A veces es lo contrario y la experiencia no hace sino confirmar nuestros modelos, con poca posibilidad para el cambio. Quizá lo que tenemos más difícil los docentes es notar de qué manera influimos en nuestras aulas o equipos docentes, cómo perpetuamos ciertos resultados o nos alejamos precisamente de aquello que queremos ser o llegar a ser; cómo contribuimos a crear interés y curiosidad, distancia o proximidad, aburrimiento y diversión, confusión o desafío, pasión, exaltación, ganas de seguir o de parar; o qué nos frena a explorar, a improvisar dentro de algún plan, a investigar desde un no saber, a callar, a variar…

Quizá algunos ideales que permanecen en nuestro inconsciente colectivo no beneficien el trabajo colaborativo. Me refiero, por ejemplo a los modelos tradicionales de enseñanza o al tipo de posicionamiento del profesor con relación a un saber “objetivo”, en lugar del saber como disposición para comprender y generar comprensiones cada vez más certeras acerca de nosotros mismos y del mundo.

Lo peor de los ideales, que a veces no nos dejan ver la mejor versión de nosotros mismos. Lo mejor, que son susceptibles de constante revisión. Y que se pueden co-crear.

Pilar Mamolar


[1] IBORRA CUÉLLAR, Alejandro; IZQUIERDO ALONSO, Mónica. “¿Cómo afrontar la evaluación del aprendizaje colaborativo? Una propuesta valorando el proceso, el contenido y el producto de la actividad grupal?” (ISSN:1132-1873). Revista General de Información y Documentación. 2010, núm 20, p. 221-241.

IBORRA CUÉLLAR, Alejandro; GARCÍA CAMPOS, M. Dolores; MARGALEF GARCÍA, Leonor; PÉREZ SAMANIEGO, Víctor. “GENERATING COLLABORATIVE CONTEXTS TO PROMOTE LEARNING AND DEVELOPMENT”. COLLABORATIVE LEARNING: METHODOLOGY, TYPES OF INTERACTIONS AND TECHNIQUES (ISBN: 978-1-60876-076-3) New York(Estados Unidos): Nova Publishers. 2010, p. 47-80.

[2] Referencia de G. Bateson en su libro Mind and Nature. En él se preguntaba por qué las instituciones educativas no enseñan casi nada acerca de la “pauta que conecta” y ponía en tela de juicio una enseñanza desconectada de la vida real. Interesa por tanto explorar tales pautas y contextos como generadores de significados donde las acciones y las palabras cobran cierto sentido.

2 pensamientos en “Contextos para aprender y enseñar juntos

  1. Hola Pilar

    ¡Cuanto tiempo!

    Al leer la parte en la que dices que “Y no por tener mucha experiencia estamos en vías de aprender o desafiar nuestros límites”, recuerdo un ejercicio que hicimos en el practitioner de 2009. Allí se no sugería que observáramos una situación desde la posición de alguien con experiencia y luego desde la posición de alguien con experiencia y que había aprendido mucho de ella. El resultado fue que en un caso experimenté ser una persona inflexible por la consolidación de mis propias ideas y que por tanto sólo había aprendido una vez. En el otro caso, fue el de una persona que estaba aprendiendo continuamente.
    Gracias por recordármelo.

    Un abrazo

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